Lo entregaron todo


cariesther

Cari nació en Santa Cruz de la Salceda (Burgos), España, el 9 de mayo de 1933, en el hogar de Sotera Martín y Constantino Álvarez. Ingresó en la Congregación de Agustinas Misioneras en el año 1955.
Pronto fue destinada a Argelia, donde se entregó a la misión y donde emitió los votos perpetuos el 13 de mayo de 1960. Su delicada salud la hace regresar a España. Recuperada vuelve a Argelia, donde permanecerá más do 30 anos y donde vive la crisis de violencia que se desencadenó hacia los anos 1990. Los destinatarios de su misión fueron los ancianos, especialmente los pobres.
Buscadora de Dios se pregunta si debe abandonar Argelia o continuar entre sus gentes a las que tanto amaba. Enamorada de la misión, no duda un instante: permanecerá al lado del pueblo que la ha acogido y al que ama profundamente. «Estoy  abierta y obediente a lo que Dios quiera de mi, a lo quo vean mis superiores. María estuvo abierta al querer de Dios, quizá  le costó. Deseo estar en esa actitud/ ante Dios en los momentos actuales”.
 Diariamente rezaba el rosario y su amor a María la identificaba como mujer consagrada. Caridad y Esther fueron asesinadas cuando iban a misa el 23 de octubre de 1994.

 

Esther nació en lzagre (León, España) el 7 de junio) de 19’i9, hija de Dolores Alonso y Nicasio Paniagua. Inquieta y buscadora descubrió que Dios la llamaba a la vida religiosa. A los 18 años entró al noviciado de la Congregación de Agustinas Misioneras. Profesó los votos temporales el 13 de junio de 1970 y los perpetuos en agosto de 1975. Estudió enfermería y fue enviada a Argelia. El contacto con el mundo árabe la cautiva y aumenta su creciente sensibilidad hacia su cultura y su religión, pero sobre todo hacia sus gentes, a quienes ha entregado su vida sin rebajas.
Trabajó en algunos hospitales de Argelia, donde se dedicaba totalmente a los enfermos de manera especial atendió a niños discapacitados a quienes se entregaba sin horario.
Ellos la llamaban ‘su ángel’. Preguntada si tenía miedo por la situación del país, respondía: «Nadie puede quitarnos la vida, porque nosotras ya la hemos entregado… No nos pasará nada porque estamos en las manos de Dios y… si nos pasara algo, seguimos estando en sus manos”.
Continua diciendo en el encuentro de discernimiento con sus hermanas: «Para mí este momento el modelo perfecto es Jesús: sufrió, tuvo que vencer dificultades y acabó con el, fracaso de In cruz, del que nace la fuente de la vida”.
Su libro preferido era la Biblia y en ella confrontaba su vida llena de luces y sombras. Hacia uso también del Corán que con tanto interés leía para profundizar la fe del pueblo, incluso le gustaba leer a místicos o sufíes del mundo musulmán.