El próximo lunes, el Santo Padre comienza un viaje apostólico por cuatro países africanos, todos ellos 100% territorio de misión. El lunes llegará a Argelia, que por primera vez recibirá la visita de un Pontífice. Allí le espera una Iglesia minoritaria y martirial, que testimonia el amor de Dios con la fidelidad y la entrega de la vida. Para conocer más en profundidad la realidad que espera al Papa, Obras Misionales Pontificias (OMP) ha entrevistado a una agustina misionera que fue testigo del asesinato de las beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, mientras asistían a misa en una Jornada del Domund de 1994.
“Nadie nos quita la vida, porque nosotras ya la hemos entregado”
“Siempre salía en las comidas la pregunta de ‘¿y si os pasa algo?’, a lo que las hermanas respondían: ‘Si nos pasa algo, nadie nos quita la vida porque ya la hemos entregado”, recuerda con cariño Mª Jesús, que permaneció en Argel durante unas semanas, y fue testigo del asesinato de Esther y Caridad. Era la Jornada del Domund, y las misioneras recordaron lo mucho que se estaría rezando por los misioneros en el mundo, y se dispusieron a salir para misa. “Llegó la hora de acercarnos a misa, la habían adelantado una hora para no terminar tan de noche, y Esther y Caridad salieron primeras. El embajador nos había dicho que por seguridad nunca saliéramos la cuatro juntas, sino de dos en dos”, rememora Mª Jesús. “Después salimos otra hermana y yo, y en el camino, ya cerquita, escuchamos dos disparos. La gente nos decía que nos fuéramos, y entramos en una casa que lindaba con el patio de las Hermanitas de Foucauld, donde íbamos a la misa, y en ese momento oíamos llanto”, recuerda. “Evidentemente pensamos que había pasado algo con algún cristiano, pero no imaginamos que eran nuestras hermanas… hasta que hablamos a través de la pared con una de las hermanitas, que nos dijo: Esther y Caridad”.
En seguida llegaron las ambulancias, pero no pudieron salvar las vidas de estas dos hermanas. Mª Jesús agradece el trabajo del embajador español, que siempre las había cuidado, y que se encargó de todos los trámites para la repatriación de los cuerpos. “En aquel momento estaba en shock, no sabía ni donde estaba”, reconoce la religiosa. En España les esperaban los familiares de las misioneras asesinadas, que dieron un ejemplo inmenso de amor. “Una señora le preguntó a la madre de Esther a la entrada del cementerio de León si perdonaba a los que habían atentado contra su hija, a lo que ella respondió: ‘Si no perdonara, mancharía la imagen de mi hija”.
Una misión que continúa
Tras ser reconocido su martirio, las familias y las hermanas pudieron regresar en 2018 a Bab El Oued. Entre ellos se encontraba Ana Mª Guantay, superiora general actual de las agustinas misioneras. “Después de muchísimo tiempo, pudimos volver a la casa, y celebramos en la capilla la primera Eucaristía tras el martirio, me emociono al recordarlo, porque era un lugar sagrado por la vida de las hermanas, uno puede decir que hasta la piel de ellas estaba en las paredes, porque allí rezaban, discernían, lloraban por los dolores de la gente, por la impotencia”.
En la actualidad, las agustinas misioneras han reconvertido esta casa en un centro de acogida y amistad para niños y mujeres argelinos. “Ayudamos a que esos niños vivan también una experiencia de paz, de que se puede vivir, no importa las culturas y la tradición religiosa que tengamos: Dios nos hermana en el bien, en el amor, en la capacidad de ponernos en pie unos a otros”, concluye.
OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS
https://omp.es/noticias/el-papa-visitara-en-argelia-la-casa-de-dos-misioneras-espanolas-martirizadas/




















