Anfitriona del Papa en Argel, que sobrevivió al atentado de Esther y Cari


Lourdes Miguélez, natural de Barrientos, lleva 53 años en Argelia. El día que asesinaron a las mártires leonesas, en 1994, iba unos metros detrás de ellas: «La visita del Papa refleja su apoyo y da ánimo a pequeñas comunidades», asegura desde Bab El Oued.

Lourdes Miguélez, una agustina misionera que lleva 53 años en Argelia, es una de las anfitrionas de la visita de León XIV al país magrebí este lunes. La hermana, que fue testigo del asesinato de las mártires leonesas, las ya beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, en 1994, señala que el gesto del Papa «supone un gran apoyo para una misión pequeña, para fortalecerla y dar ánimo» en un viaje tan significativo a la tierra natal de San Agustín de Hipona.

Natural del pueblo de Barrientos, del Ayuntamiento de Valderrey, muy cercano a Astorga, la hermana recuerda los días en que Esther y ella iban a trabajar al hospital público como enfermeras con un contrato del Estado. «Ahora es más difícil; hay que buscar e inventar lo que se puede hacer», apostilla.

En la comunidad son tres hermanas: Lourdes Miguélez, Julie Loudusamy, de la India, y Joyce Mukangala. Lourdes y Julie mantienen abierto un centro de apoyo escolar a niños de la calle, imparten talleres a mujeres (costura, jabones, joyería tradicional, velas…) para «darles un espacio de apertura» en un lugar donde «se encuentran como en su casa, en su familia sin que nadie las juzgue».

Con la ayuda del voluntariado que se suma a este misión agustiniana, dan hospitalidad a inmigrantes que están de paso y tienen la vista puesta al otro lado del mar. «Les enseñamos inglés y francés y cómo moverse en la ciudad», explica. La comunidad se mantiene en la casa de Bab El Oued, en Argel, donde vivieron Esther y Cari. Lourdes Miguélez, que junto a sus compañeras decidió quedarse en Argelia en 1994 en medio de una escalada de violencia que acabó con la vida de 19 religiosos y religiosas, regresó a España tras el asesinato, que se produjo el Día del Domund de 1994.

La dureza del atentado quedó reflejada en su retina, «las vimos en la tierra, con todo lleno de sangre». Se salvó porque iba unos metros detrás de ellas. Lo que perdura en su vida, al servicio de Dios y al presente, es la convicción con la que afrontaban el riesgo de permanecer en Argelia: «Estábamos preparadas para ofrecer estas vidas al señor por la paz del mundo». «Formamos parte del pueblo y nos tocó por ser cristianas, pero entre ellos murieron muchos más. Hemos compartido el dolor y la angustia y seguimos con entusiasmo porque estamos para dar esperanza y apoyo», apunta.

La casa es una vivienda muy sencilla que cuenta con una capilla de estilo moresco. El Papa ya la conoce pues la ha visitado en dos ocasiones, en 2004 y 2009, cuando era general de la Orden de San Agustín (OSA) a la que pertenecen también las Misioneras Agustinas. «Entonces le enseñamos donde mataron a las hermanas». Para esta ocasión le han preparado un póster con fotos de sus primeros pasos en el que fue hogar de Esther Paniagua y Caridad Álvarez.

La visita de quien además de líder de la Iglesia católica es un jefe de Estado a un país islámico como Argelia «es un signo de apertura y de diálogo, de coexistencia y de servicio al pueblo», señala la superiora de la comunidad en Argel. El Papa es ante todo «un amigo, un hermano, un pastor», subraya. «El papa está visitando comunidades muy pequeñas, como la nuestra, como un gesto de gratitud de nuestra presencia». En Argelia, con una población de unos 40 millones de habitantes, apenas hay 100.000 cristianos y la mayoría son extranjeros.

Lourdes Miguélez destaca que pese a ser una minoría religiosa, el Papa será recibido por el presidente con honores de Estado como corresponde a su rango pero, sobre todo, que «el pueblo argelino se está volcando, limpiando las calles, con un despliegue y la generosidad» propia de un país poco conocido «que es muy acogedor y sabe hacerlo con dignidad». «Nos han traído hasta pasteles», señala.

El viaje del Papa a Argelia y la visita a la casa de las mártires leonesas —Esther Paniagua era de Izagre y Caridad Álvarez de Burgos, pero estuvo varios años en el colegio de León— es seguido con interés y cariño por las comunidades de las Agustinas Misioneras de León.

Desde 2018, cuando el papa Francisco proclamó su beatificación, descansan en la capital la de casa madre de las Agustinas Misioneras en Madrid, «las dos juntitas». En León fueron despedidas en una eucaristía oficiada por el obispo y en 2019 recibieron un homenaje en Izagre.

DIARIO DE LEÓN
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